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Miércoles 5 de junio. Son pocos los días que han pasado, y sin embargo nos parecen una eternidad: desde la muerte de Clément, nos vimos envueltos/as por una efervescencia difícil de controlar. Sin duda, nada, ni siquiera tal vez los años y la experiencia que no tenemos, pueda prepararnos para el entierro de un amigo y compañero. Si no contamos con el tiempo de duelo y recogimiento que necesitamos, esto se debe al hecho de que el asesinato de Clément fue un crimen político. Como tal, exige una respuesta política. Este mundo no se detiene por consideración por nuestras lágrimas; por respeto a Clément, a sus luchas, no podemos bajar los brazos. Hoy más que nunca, debemos poner la frente en alto, transformar nuestro dolor en furia, y nuestra rabia en fuerza. Este dolor irreprimible, esta furia, rabia y fuerza irreprimibles habitan estas líneas a través de las cuales queremos restituirle a la muerte de Clément el sentido que él hubiese querido que le demos: un sentido político.
Domingo 2 de junio, tres días antes del asesinato de Clément, la Liga de Defensa Judía (LDJ), milicia ultranacionalista y pro-Israel, considerada como una organización terrorista y prohibida en territorio estadounidense e israelí, pero tolerada en Francia, reivindicó el ataque de un joven llamado Mounir, ataque que dejó al joven en coma. Martes 4 de junio, una pareja de mujeres fue violentamente agredida después de una concentración de “guardias” anti-matrimonio: una de ellas, llevada con urgencia al hospital, recibió 90 días de licencia por Incapacidad Total de Trabajo (ITT). Jueves 6 de junio, Rabia, una joven con velo, fue agredida con violencia por “dos individuos con el cráneo rapado” que vestían chaquetas bomber y pertenecían muy probablemente a la extrema-derecha. Cuando Rabia intentó presentar una denuncia, la policía le aconsejó volver a su domicilio y no “divulgar el asunto”. El mismo día,  mientras ocupábamos las calles de Paris en homenaje a Clément y a su lucha antifascista, y mientras el Sr. Valls, ministro del Interior, hablaba con grandilocuencia sobre la disolución de las Juventudes Nacionalistas Revolucionarias (JNR),  tuvo lugar en París una de las mayores redadas de inmigrantes sin documentos de los últimos años.  El 7 de junio, nos enteramos que la fiscalía exigió la puesta en libertad del policía responsable de la muerte de Moushin y Lakhamy en Villiers-le-Bel en 2007…
La lista continúa.
Clément no fue asesinado por un grupo de fascistas solamente. No fue asesinado solamente por la extrema derecha que se reconoce como tal.  De manera general, Clément fue la víctima de la rápida escalada de las ideas más nauseabundas que existan, y de su banalización, en Francia y en Europa. Clément también fue asesinado por el racismo –la islamofobia en particular-, la xenofobia, la homofobia de Estado. Durante meses, vimos la homofobia desfilar sin complejos por nuestras calles. Hace años que la islamofobia ocupa el espacio político y mediático, acompañada por su lote de amenazas, vejaciones y agresiones –cada vez más violentas.    La “bestia inmunda” no crece sola. La confianza de la que la extrema derecha da prueba está permitida por y se alimenta de discursos y prácticas racistas, xenófobas, homofóbicas que emanan de las instituciones de poder.

Clément era un hombre, heterosexual, cisgénero, blanco, estudiante de Sciences Po. Fue asesinado porque era militante antifascista, libertario. Fue asesinado como podrían haberlo sido las lesbianas, bisexuales, gays y/o trans que hubiesen tenido la desgracia de encontrarse en el lugar equivocado en el momento equivocado.  Fue asesinado como podrían haberlo sido los/as no-blancos/as, los/as inmigrantes, los/as indígenas, los/as musulmanes, que son el blanco del racismo más desacomplejado. Su muerte conmueve a la opinión como rara vez la conmovieron la muerte de las víctimas no-blancas del crimen policial, de la violencia civil organizada y de otros asesinatos racistas. A pesar del peso del dolor, esto último no puede ser pasado por alto. No quita nada a nuestra tristeza y, si todavía es posible, agranda nuestra rabia y nuestra determinación para luchar. Clément era antifascista: luchaba por la defensa de una igualdad de derechos radical, del lado de todos/as aquellos/as que la extrema derecha considera como enemigos con los que hay que acabar –las minorías sexuales y los trans, los/as inmigrantes, los/as indígenas, los/as musulmanes, los/as militantes políticos/as.   Clément denunciaba sin cesar la banalización y la institucionalización de las ideas y prácticas de las derechas extremas. Mientras que nosotros mismos, entre las filas de la izquierda radical y revolucionaria, no expulsemos de nuestro discurso hasta los más mínimos vestigios de nacionalismo, mientras que no luchemos constante y durablemente contra el racismo, la islamofobia, la persecución de Roms y de inmigrantes sin documento, la homofobia y el sexismo, seguiremos, nosotros también, abriéndole las puertas a la “bestia inmunda” que vemos crecer frente a nuestros ojos. Es esa lucha la que debemos continuar. Contra el fascismo, por todos los medios necesarios.

Traducción : Gaston, David, Guillaume

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Une réflexion sur “Para Clément: Con el corazón lleno de rabia, jamás olvidar, jamás perdonar!

  1. Pingback: La Horde – Pour Clément : La rage au cœur, ne jamais oublier, ne jamais pardonner

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